Sucusari: Trabajando con la comunidad Maijuna

Luego de la Expedición Tree Top Manu, tenía unos meses libres antes de volver a la universidad a terminar la carrera; lo cual volví a posponer por una beca al Curso de Ecología Tropical de Cocha Cashu.

Mark Bowler, PostDoctoral fellow de San Diego Zoo Institute for Conservation Research, con quien había trabajado anteriormente en Tambopata, me escribió preguntándome si estaba libre para apoyar en un par de proyectos. Mi respuesta fue un sí rotundo. Esta vez, me invitó a recoger creo que 80+ cámaras trampa arbóreas en Tambopata y a colocar alrededor de 50 cámaras terrestres en Sucusari, Loreto.

Salimos de Iquitos en un bote “rápido”, llegando a un puerto del Río Amazonas, donde cruzaríamos por tierra al Río Napo. Compramos lo que nos faltaba en el puerto del Napo, y luego partimos en otro rápido camino a la comunidad Maijuna de Sucusari. Esta vez no fui con Mark, sino con Delia y Diana, dos asistentas de Mark, quienes ya conocían el lugar.

Me gustaría hablar de la comunidad y cosas que aprendí, pero lo dejaré para otro momento.

Nos recibió “Sheva”, presidente de la comunidad. Conocí a los comuneros que nos guiarías y ayudarían en el proyecto, y al día siguiente partimos en dos peke pekes. Estas populares canoas con motor, se conocen como peke pekes por el ruido que hacen los motores al avanzar: “peke peke peke peke peke peke…”. A diferencia de otros botes en los que he estado, los peke pekes no tienen techo y son más pequeños porque el motor es más débil. A veces, cuando el río o quebrada está muy bajo, los botes “fuera de borda” no pueden pasar, pero los ligeros peke pekes sí.

Avanzamos, sin techo, por Sucusari quebrada arrida. Soleó y llovió. Nos quemamos y nos mojamos. Por suerte, las cosas estuvieron bien tapadas y nosotros bien hidratados. Nos quedábamos en campamentos de los comuneros, quienes cazan en el bosque, su bosque. Las comunidades nativas pueden cazar legalmente para obtener alimento, mas no para vender. Cada campamento tenía una plataforma techada, un área para hacer fogata y restos de caza.

Para no sobrevivir de arroz, atún, yuca y jamonilla (SPAM), Vitocho, Douglas e Ilder a veces salían a pescar en las mañanas. Delia y Diana me enseñaron a pescar, ya que yo nunca había pescado en mi vida. Primero, con un pedazo de plátano en el anzuelo, pesqué una sardina. Luego, con un pedazo de sardina, pesqué una palometa (¿o al revés?). Igual no eran de mucha ayuda, ya que las redes eran mucho más efectivas.

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La vida en el campamento no era fácil, pero nos entreteníamos. Anteriormente, solo había trabajado en albergues donde teníamos comodidades. En el campamento no habían baños, duchas, ni agua potable. El bosque era nuestro baño, la quebrada era nuestra ducha y fuente de agua. Debo decir que bañarme en la quebrada era de lo más increíble, no extrañaba para nada las duchas. Además, tenía una hermosa vista desde la carpa. Habían unas cámaras en el monte que debías recoger, así que a veces pasábamos un rato en grupo mirando las fotos y hablando con nuestros amigos Maijunas sobre los animales que habían capturado las cámaras.

Anécdotas fueron muchas, en esos cortos 10 días de viaje; tuve varias garrapatas y mi primera sanguijuela. Aprendí que para remover la sanguijuela, de manera sencilla, se le debe echar agua con sal y ésta te suelta, sin dolor (para mí). A las garrapatas las debes quemar con algo caliente, como la punta de un cuchillo caliente, para que las pueda sacar más fácil. Los parásitos y la deshidratación no fueron mucha molestia. Perderse en el bosque y que se hunda el peque peque, eso sí que nos afectó.

Como era costumbre, nos dividimos en 3 grupos: un biólogo y un guía Maijuna por grupo. Esta vez yo fui con Douglas, Delia con Vitocho y Diana con Ilder. Terminamos rápido con Douglas, no como la vez anterior que nos tocó cruzar un aguajal, así que volvimos a la quebrada a bañarnos y a esperar al resto. Salieron Ilder y Diana de la trocha del frente y fuimos quebrada abajo para esperar a Delia y Vitocho, quien conocía muy bien las trochas. Esperamos hasta tarde en el peque peque, casi las 9 de la noche. Pensamos que quizá habían terminado rápido y cruzaron a la trochas del frente a colocar más cámaras. Douglas e Ilder bajaron a revisar el puente (un gran tronco caído) pero no encontraron cortes en la maleza que lo cubría.

No han cruzado, no hay pique. -dijo Ilder. Se le llaman piques a los cortes  de machete.

Tampoco han regresado, no hay huellas. -dijo Douglas.

No estamos muy lejos del campamento, han regresado caminando. -afirmaron Ilder y        Douglas, tratando de calmarnos, o tal vez de verdad pensaban eso.

Tenían el GPS, no me preocupaba mucho. Volvimos al campamento y no estaban, así que nos preocupamos. Cenamos para recuperar energías; Douglas e Ilder se prepararon para salir a buscarlos, eran casi las 10:00 pm. Diana, que conocía el lugar mejor que yo, fue con ellos. A la mañana siguiente, habían vuelto sanos y salvos y me contaron qué había pasado.

– Entramos a un aguajal y perdimos la trocha, Vitocho la buscó pero nada. Además, luego, el GPS dejó de captar señal; no sabíamos dónde estábamos ni a dónde íbamos. -contó Delia.

– Golpeamos el palo [la raíz tablar] y BUM! sonaba, nos contestaron con otro golpe; ahí los encontramos, a 200 metros. -dijeron Douglas e Ilder.

Todos más calmados, aunque cansados, seguimos con el trabajo.

Todo siguió más o menos normal hasta que estábamos por llegar al último campamento. Yo estaba con Douglas, Diana y Vitocho en el peque peque que iba segundo; Ilder, quien iba manejando delante nuestro, se adelantó un poco. Volteamos en una curva, y vemos a Ilder en el agua, y las demás mojadas en una orilla: se les había volteado el bote.

Lograron salvar tanto el bote como el motor; sin embargo, el motor no funcionaba ya que estaba lleno de agua. Como sabíamos, contar con chaleco salvavidas es muy importante. Regresamos de tremenda aventura en un solo bote. Lento, pero seguro.

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Un comentario en “Sucusari: Trabajando con la comunidad Maijuna

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